ESCULTURAS


FLAVIO MACEDO SOARES. CATÁLOGO MISIÓN CULTURAL BRASILEÑA ASUNCIÓN – PARAGUAY, 1969.


Hay un refrán “zen” según el cual “para el hombre que nada sabe, las montañas son montañas; para el que sabe poco, las montañas ya no son montañas; y para el sábio, las montañas vuelven a ser montañas”. Mauricio Salgueiro es un escultor que piensa, pero piensa también com las manos y los nervios. A través del trabajo y de la prolongada intimidad com la cosa plástica, llegó a una especie de sabiduría, en la que acepta las cosas de la experiencia del hombre moderno, en la misma manera en que el sabio oriental aceptaba la naturaleza.

Y, focalizando nuestros ojos en el objeto, en la forma irregular, burda de las piezas industriales y las luces, nosotros partimos hacia una nueva intimidad con el mundo. Dejando de lado a los conceptos, volvemos a ser el hombre del primer día de la Creación, antes que las cosas tuvieran nombre. Un pedazo retorcido de hierro revela una sugestión de secreto y amparo; un conglomerado de piezas de coche se vuelve subitamente amenazante. Las luces se prenden y se apagan: ¿en cambio de qué? Lo que sabemos solamente es que viven e mueren.

Es por eso que una exposición de Mauricio Salgueiro perdura más tiempo de lo que se emplea en visitarla, propiamente. Ella es una lección de óptica: allá afuera, las formas raras y amenazantes del cotidiano nos aguardan para que sobre ellas recaiga de nuevo nuestra mirada, en fin recuperada.